La manzana dorada de la discordia

En el transcurso de la historia de la humanidad y de nuestra vida, ¿cuántos males se hubiesen conjurado o pudiésemos evitar si nos esforzáramos en dominar ese impulso egomaníaco de hacer prevalecer nuestra voluntad a cualquier costo? La enseñanza acerca de las consecuencias de ceder ante esa debilidad humana quedó plasmada en la Ilíada, una de las dos epopeyas acerca de la guerra de Troya del poeta griego Homero. El clásico relato es más o menos así:

kallisti, palabra griega que significa “para la más bella”.

kallisti, palabra griega que significa “para la más bella”.

“Un día, los dioses de la antigua Grecia celebraban con regocijo el casamiento de la diosa marina Tetis con el noble mortal Peleo. En la boda no estaba presente Eris, la diosa de la discordia, quien no fue invitada. Como venganza, y sabiendo que Hera (reina del Olimpo), Afrodita (diosa del amor y la belleza) y Atenea (diosa de la sabiduría) sí habían sido invitadas, hizo llegar a la reunión una manzana de oro con la inscripción: Para la más bella

Tras un breve silencio, las tres deidades se acercaron para recibir el premio. Los dioses, perplejos, no se atrevieron a entregar el galardón por temor a despertar la cólera de las dos hermosas que no lo hubieran recibido. Puesto que los inmortales habían rehusado resolver la cuestión, las diosas decidieron apelar al juicio de los hombres. Se dirigieron, pues, a un joven pastor llamado Paris, hijo del rey Príamo. Paris no sabía qué decidir, al punto de proponerles repartir el premio entre las tres, pero ellas estaban ávidas por ganar la manzana y el título, tanto que cada una le hizo promesas tentadoras. Hera le ofreció todo el poder que quisiera, Atenea  la sabiduría, y Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella: Helena de Troya… y así fue elegida la más bella. Ante eso, Atenea y Hera decidieron destruir Troya…”

Con base en ese relato, la diosa romana equivalente a la griega, Eris, fue bautizada Discordia.

 De esta manera, la “manzana de la discordia” se convirtió en la expresión o eufemismo para referirse al centro, núcleo o quid de un argumento, o para un asunto menor que pudiese llevar a una gran disputa.

Los desacuerdos son parte natural de las relaciones interpersonales. En sí los conflictos no son el problema, pero sí lo es la falta de habilidad para resolverlos. Por ello, si se afrontan de manera directa y positiva, la resolución de conflictos puede  enriquecer las relaciones.

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